La reflexión de la pizarra
"...
-Oye, está amaneciendo, ¿dónde te dejo?-
-Con mis amigos.-
-Aun no han llegado a la churrería, así que si quieres hablar de algo más... -
-¿Por qué es el hombre así?... ¿Por qué no se da cuenta de que al que hace daño siempre es a sí mismo?... ¿Por qué si todos sabemos en el fondo lo que debemos hacer, no lo hacemos?-
-Tú has dibujado alguna vez en una pizarra, ¿a que sí?- asentí con la cabeza.-Al hombre le pasa eso. Intenta dibujar una recta en una pizarra, pero la rutina de dibujar lo mismo siempre hace que cada vez vaya acercándose más y más a la pizarra hasta que en un determinado momento pega la vista a la tiza. En ese momento, deja de ver lo que dibuja y sigue sin parar a lo largo de su vida. La gente que, como tú, se plantea a menudo su vida, lo que hace es que, de vez en cuando, se para, deja de dibujar y se aleja de la pizarra para ver como va su trazado, y aunque seguramente no será demasiado recto, al menos son conscientes de ello.-
-Entiendo.- dije terminándome el último café.
-Bueno, ¿qué, nos vamos?-
-Sí.-
-Encantado.-
-Igualmente.-
..."
En mi último año de instituto, con unos diecisiete años, escribí para un concurso escolar un relato corto absurdo, estúpido y terriblemente mal construido. La historia en sí era un mero pretexto. Una excusa barata para compartir con otras personas, aunque fuera con los pusilánimes miembros del jurado, la reflexión de la pizarra. Esta noche, desde este oscuro atril que se eleva en mitad de la nada, la comparto con vosotros.
Durante esos confusos días resultó de vital importancia y, aún hoy, me parece interesante recordarla de vez en cuando.





