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Flashback: Fin de año reloaded


  Es inevitable... Sr. Anderson. No cambia, año tras año, siempre son iguales. Son esos momentos que se suceden tras la fiesta de fin de año. Primero sales de la fiesta con tus colegas, un frió de cojones y un dolor de pies que no se los merece ni el director de Titanic. Aun así, algún psicópata paranoide sugiere ir a comprar churros con chocolate (en el caso de mi grupo de colegas suelo ser yo) y entonces pueden darse dos situaciones. La primera, es que no se encuentre un lugar ligeramente decente donde vendan churros, y lo que es mas importante, sillas y calefacción, con lo que se produce una sensación de decepción por parte del grupo en general y cuyo resultado inmediato es que cada mochuelo vuelve, con la cabeza bajísima, a su olivo propio. La segunda es que si se encuentre el sitio donde atiborrarse de churros, desgraciada e irremediablemente, los churros sentaran mal a la peña, ya que mezclados con el garrafón los efectos serán inmediatos: ida de bareta general, o también conocido como "¿pa que las prisas?".
  A partir de aquí ya no hay variaciones en la historia. Llegas a tu casa y te vas diciendo a ti mismo mientras abres la puerta "Q raro, que llevo toda la noche por ahí, estoy destrozado, he matado 3/4 partes de mi hígado por ingestión masiva de alcohol y aun así, no tengo sueño. Vamos que me marcaba otra fiesta..." y en esto que llegamos al baño y echamos La Meada, así, con mayúsculas. Una inmensa sensación de relax, producida probablemente por los vapores alcohólicos que destila nuestra orina o por la tranquilidad que da mear en casa (no sabría decantarme por una de las 2 opciones) recorre nuestra espalda con un suave cosquilleo. "Puff, menos mal que sólo voy a mear una vez, porque otra como esta y me quedo dormido con la polla en la mano. Aun así, estoy por conectarme al messenger a ver quien hay, porque yo no tengo sueño..." y entonces el momento clave entramos en nuestro cuarto y ahí comienza la debacle: Ver la cama.
   Vemos la cama y todo ese rollo de "no tengo sueño" se va al carajo. De pronto nos entra un ansia por acostarnos que no podemos evitar. Es algo así como una erección, basta ver lo que hay que ver, para que salte y no puedas controlarla. Inmediatamente empezamos a arrancarnos la ropa que tan cuidadosamente nos había planchado nuestra madre la noche antes. Tal como nos la quitamos la dejamos tirada encima de la primera silla que vemos. Es difícil de entender si no lo has vivido, pero hay veces que sin querer hasta te cargas tu ropa (yo mismo me cargue un cinturón el otro día). Sientes como si se te acabara el tiempo para poder dormir, que tienes que aprovechar hasta el ultimo segundo para acostarte lo antes posible y en parte no te falta razón, porque sabes que algún familiar carbón te despertara con cualquier excusa para disfrutar así de que, pese a que es una persona frustrada que no sale ni en fin de año, aun tiene el poder de joderte el descanso que te has ganado duramente haciendo el gandul hasta altas horas de la noche.
  Y entonces, en ese glorioso momento en que descubre que llevas puesto el pijama, es cuando puedes meterte en la cama y obtener ese casi orgásmico placer de estar calentito y roncando hasta que te despiertes para desayunar el almuerzo a la hora a la que normalmente sueles merendar. Si señor, has sobrevivido a otra fiesta de fin de año y te has salido con la tuya :D